LA BATACLANA | Restaurant
LA BATACLANA y el chef…
De mí no les diré mucho, ya que he vivido unas 8 vidas y aún me queda cuerda para rato. En este momento sólo me animo a decir que tengo tantos años como experiencias, que amo la vida y que soy de equipaje liviano. Total, una nunca sabe a dónde la va a llevar la aventura. O qué te espera a la vuelta de la esquina.

Bailé mucho tiempo en un pequeño teatro, con plumas y cha cha chá. Emprendí un negocio de perfumes y he recorrido varias veces la ruta de la seda. Soy de muchos amigos y amigas, fiel y amante de los placeres de la vida, siempre con una gota de corrección (pequeñita, pero corrección al fin).

Aprendí a cocinar de muy niña, gracias a mi abuela. Mi primer recuerdo en la cocina es permanecer largos minutos empinada alcanzando apenas con los dedos de las manos la cubierta de una tabla, donde amasaba gnocchi. Esa rutina me marcó a fuego, como la música que tocaba mi papá en un piano que afinaba obsesivamente todos los días.

Me tocó viajar mucho por el trabajo de mis padres y desde un principio me adentré en las cocinas de todos los destinos donde estuvimos, logrando trabajar como aprendiz o cocinera en fogones de capitales de los cinco continentes.

Hasta ahí mi historia por ahora. El resto, ya la iré contando… sígueme en @la.bataclana
A mi chef lo conocí en uno de mis viajes. Él se peinaba -cual experto- en los fuegos de un restaurante en Nueva Zelanda, al que era casi imposible entrar porque tenía copadas las reservas por meses.

Cuando logré ir, de inmediato su acento me confirmaron que no era oriundo de esos lados, me intrigó de inmediato. Su encanto latino de risas, bromas y gestos me mataron al primer mordisco.

Cocina como los dioses. Fui a saludarlo y sin decirle mucho le dejé en el bolsillo una nota que decía "juntémonos en Tierra Media".

Para quienes no saben, en la isla del sur de Nueva Zelanda se grabó gran parte de El Señor de Los Anillos, y aunque yo no era muy fanática de la trilogía, la invitación era la excusa perfecta para ver si este experto chef también tenía espíritu aventurero.

Cristián me cautivó por la gracia para mover los sartenes y sobre todo por su pasión por hacer que los sabores hablen y que dejen huella. Busca la perfección en un plato repitiéndolo hasta lograr magia. Es apasionado, obsesivo con los ingredientes, tiene una nariz privilegiada y domina la cocina al vacío (sous vide). Crítico, juguetón, culto y de grandes amigos, resultó ser un gran acompañante en la travesía de arrancar de horcos y de Los Nueve o de entretenerse con los bajitos de la Comarca.

De sus menesteres de amante prefiero no extenderme, porque ninguno de los dos tiene memoria, pero puedo decir que finalmente me lo traje a Chile a dirigir los destinos de La Bataclana.

Hoy, en nuestra cocina cachonda seduce con sus platos, las carnes al vino con horas de cocción; sabores exóticos, postres lechosos y salsas eróticas.

Un GRAN partido mi Cristián Vieira (@vieiris). Mi cocinero personal y compañero amante